Llevo meses pensando en complementar mi actividad de
Telesecretariado con servicios que me resultaran más estimulantes, desarrollando
mi afición por la comunicación, pero arrastrada por el día a día y por los
compromisos adquiridos, no veía la hora de poner en marcha estos servicios.
Hace unos días caí en la cuenta de la incongruencia en la
que había caído respecto a mi actividad profesional: dejé un empleo de
Secretaria, porque no me permitía desenvolver mi potencial creativo y monté una
empresa de Telesecretariado porque en aquel momento, me parecía más seguro
ejercer una actividad que ya conocía. Vamos, salir de mi zona de confort pero
dejando un pie dentro.
El resultado no podía ser otro: “vender” algo que no te
gusta hacer, aunque lo hagas bien, resulta por lo menos difícil, poco
estimulante, aburrido, … ¿Encontrar la motivación para levantarte por la mañana?
Imposible. La motivación no se encuentra, se tiene o no se tiene.
En definitiva, había dejado caer en la agonía mi empresa de
Telesecretariado pero no me atrevía a desprenderme de ella, horrorizada que
estaba por afrontar el “fracaso”.
Finalmente me paré a pensar ¿Esto es lo que quiero para mi
vida? Recuerdo que uno de los catalizadores que provocó mi cambio profesional
fueron unas palabras de Steve Jobs: “Si hoy fuese el último día de tu vida, ¿querrías hacer lo que vas a hacer
hoy? Si la respuesta es “No” durante muchos días seguidos, sabes que tienes que
cambiar algo.”
Cambiar algo… Pues vamos allá. Sé que no quiero ser (Tele)secretaria.
Pues dejo de serlo, me busco una alternativa “alimentaria” que me permita tener
la cabeza despejada de problemas y tiempo libre suficiente para leer, aprender,
escribir, … y darme la oportunidad de preparar mi nuevo futuro.
Mi primer paso: dar solución a los clientes que habían
confiado en mí y que no podía dejar colgados. Tras contactar con diferentes
empresas de la que había sido hasta ahora “mi competencia”, he seleccionado la
que me parecía más ajustada a las necesidades de mis clientes: www.telesecretarias.es
El segundo paso: contactar con estos clientes para
comentarles mi decisión, aportándoles una solución. Sus reacciones me han
confortado en la idea de que lo había hecho bien. :-)
Y aquí la sorpresa: la oportunidad me ha llegado por uno de
ellos, que al conocer mi situación de disponibilidad me ha ofrecido un
puesto de trabajo que me va a permitir emplear mis dotes para la organización, la
comunicación, la formación, … un puesto que me parece altamente motivador.
¿Fracasar? No he fracasado. Fracasar hubiese sido seguir
ejerciendo una actividad que no me hacía feliz, un día y otro día y otro día... Ojalá este post sirva para que otras personas se den la oportunidad de hacer un
reset.

Enhorabuena por la decisión y mucha suerte :-)
ResponderEliminarRectificar es de SABIOS en este caso de SABIAS¡¡ y nunca se fracasa cuando se emprende algo nuevo, se aprende y luego se vuelve a empezar si lo emprendido ya no te llena. Eres una gran persona y una gran profesional. Quien te ha contratado ha hecho una apuesta ganadora.
ResponderEliminar¡¡¡¡ felicidades¡¡¡¡¡
Con amigas como vosotras, ciertas decisiones son mucho más fáciles de tomar y de llevar a cabo! ¡¡Gracias!! :-)
ResponderEliminarSimplemente ¡chapo!
ResponderEliminarEl fracaso no es negativo solo hay que anotar en el haber aquello que nos llevó a él, y pensar en la posibilidad de que de nuevo te lo puedes encontrar en el camino, como antídoto.
¡Anotado queda! Gracias José Ramón! :-)
Eliminar